El refán no me lo he inventado yo, forma parte de la cultura popular. Nos viene a advertir que hemos de responsabilizarnos de nuestros actos y, si con ellos causamos algún perjuicio a los demás, deberemos estar preparados para la que se nos viene encima. Moraleja: compórtate adecuadamente con tus semejantes, de lo contrario tarde o temprano recibirás tu castigo.
Este refrán viene a perfecta colación en los tiempos actuales de crisis, y estoy seguro de que a nadie se le escapa que estoy hablando de los bancos y entidades financieras en general. Esos, que han construido la economía a su medida y nos han obligado durante lustros a bailar al ritmo de su compás.
Hace unos 30 años, en aquellos tiempos en que nuestros padres adquirían su primera vivienda, las cosas eran bien distintas. No hacía falta regalarle un jamón al tasador (bastaba invitarlo a un café), y quien te vendía su vivienda lo hacía a un precio que era, no sólo acorde al mercado, sino también a la más absoluta y objetiva realidad, pues el objeto de la compra estaba destinado a servir como vivienda, y no como lujo o especulación. Como resultado, nuestros bienaventurados padres tuvieron la fortuna de sentir lo que es pagar una hipoteca a 10 ó 20 años.
Hoy dia el panorama es bien distinto. No nos costará recordar las barbaridades que hace unos 4 años escuchábamos decir, acerca de las nuevas hipotecas vitalicias y heredables de 100 años, en las que el progenitor estaba dispuesto a morir dejando a su hijo como herencia una hipoteca de mil pares de cojones. Y lo más gracioso es que, pese a lo esperpéntico de la idea, como siempre nos acostumbramos a hacer de lo absurdo lo normal, y comulgamos.
Yo, por el momento, no pago hipoteca, pero barbaridades de este tipo he podido contemplar y muchas. Sé lo que es picar a puerta fría y trabajar en una inmobiliaria. He visto a individuos pidiendo cantidades desproporcionadas por su vivienda. El argumento: "si mi vecino vendió su piso por 34.000.000 pesetas, entonces mi casa vale 38.000.000 pesetas". No importa si el muy desgraciado tiene su inmueble situado en la zona con más delincuencia del municipio. El quiere su pasta y no le cuentes más rollos sobre precio de mercado o tasación; y claro, como ya hubo un imbécil que estuvo dispuesto a pagarle al vecino, el muy cretino espera encontrar a otro más imbécil, si cabe. No nos confundamos, gran parte de la culpa de la burbuja inmobiliaria la tenemos nosotros, por gilipollas.
La pregunta que surge en esta situación es: ¿es que nadie iba a poner un poco de razón y objetividad en este sinsentido?, ¿acaso no debió existir un mecanismo regulador para evitar estas tropelías?. Claro que debió existir, y su responsabilidad recaía, sin que quepa discusión, sobre las entidades financieras y los políticos, que jamás debieron permitir basar especulaciones y beneficios en inmuebles sobrevalorados por la codicia.
Tenemos, como pueblo llano, el castigo que estamos mereciendo por esa cultura típicamente española del "jóven, comprate una casa y serás alguien en la vida; cómprate dos y serás un emprendedor". ¿Quién no conoce a alguien que paga una hipoteca por la casa en la que vive, y dispone de una segunda hipoteca que grácilmente le está pagando el inquilino?. A mí mismo me tenéis de ejemplo, que pago 700€ de alquiler por una vivienda en una zona mediocre de Sevilla llena de enganchados, para gloria de un #@%! que, además de esta vivienda, tuvo la suerte de adquirir otra de proteción oficial... ¿cómo puede consentirse esto?.
La respuesta es que se consiente porque ningún gobierno se ha atrevido jamás a meter la mano en el plato de comida del perro. Desde Marx, ha existido la máxima de que el estado no puede ni debe intervenir en la evolución del libre mercado, de lo contrario sería un freno para el desarrollo y crearía desconfianza en los sectores de inversión. ¿Freno para el desarrollo de QUÉ?, lo único que vemos desarrollarse no es nuestras vidas ni nuestro bienestar, sino el bolsillo de los mismos de siempre.
Un jefe que yo tuve, que me pagaba cuatro duros para que "aprendiera el oficio", llevándole yo todo el negocio mientras él se dedicaba a follarse universitarias, se quejaba de eso mismo: "este gobierno socialista nos va a llevar al desastre con su intervencionismo!!". Pero ¿¿será cabrón??, sólo faltaría que los cacos se quejaran de la policía porque les impide llevar a cabo sus fechorías. Eso es el "no al intervencionismo", un "no me jodáis el invento porque vivo demasiado bien".
Los políticos están tensos, saben que el pueblo reclama un castigo ejemplar contra la banca, pero no se atreven a ejecutarlo. Les da miedo, porque en el fondo, ya poco les queda de políticos y mucho les sobra de inversores. La TV pide calma, mide con mesura sus palabras para referirse al estropicio y señala sutilmente al culpable pero sin alentar los ánimos revanchistas. Seguimos en las mismas: nos quieren tranquilos y sumisos, pase lo que pase, la caguen como la caguen.
Todos tenemos que recordar de nuevo que los grandes movimientos sociales, los actos por el bien del pueblo, las grandes liberaciones, jamás han sido generados desde arriba, desde el estado o los políticos, sino desde abajo, del pueblo llano, de nosotros. Porque nadie va a mover un dedo por nuestro bienestar mientras les cueste un sólo euro. Y tenemos que hacer todo lo posible, todo lo que esté en nuestras manos para lograr dos objetivos:
1.- Que esto no se vuelva a repetir jamás. Que nunca el derecho a la vivienda de un joven mileurista se vea frustrado por la codicia de un hijo de puta con 150.000 euros brutos anuales en su nómina. Y en general, que nunca se permitan otras injusticias del hoy en día, como el hecho de que un funcionario, que cobra 1800 euros netos al mes poniendo sellos mientras charla con su compi, haciendo esperar a la cola, con 2 meses de vacaciones, esté mejor pagado que un programador que controla la seguridad de una central o un sistema por 1000 euros de mierda, y 30 días de vacaciones que los siente casi como un favor, después de acumular 500 horas extras y sin remuneración. No sabéis cómo me alegro del recorte a los funcionarios, mal que le pese a cualquiera (mis padres, por ejemplo).
2.- Que los bancos paguen el estropicio, como sea. Que los intervengan si es necesario. Qué demonios, que la banca se convierta en un bien público si hace falta. La cuestión (y esto sí que no me parece nada bien) es que quien no lo tiene que pagar es el pueblo, y menos los pensionistas, que han tributado sobradamente con su sudor y trabajo el derecho a una 3º edad digna y libre de sobresaltos.
Y a aquellos que se rasgan las vestiduras, y se echan las manos a la cabeza ante tal requerimiento, argumentando que "eso no se puede hacer", que "no es tan sencillo"... que dejen de contar cuentos del lobo y gilipolleces sobre economía y sostén. Sí que se puede hacer, claro que se puede. A la banca hay que tenerla controlada como a un perro encadenado. Y qué coño, muerto el perro, se acabó la rabia, dicen, así que preguntáos a vosotros mismos qué pasaría por la cabeza de Luis XVI antes de que le cortaran la cabeza. Seguramente se preguntaría, incrédulo, cómo era posible que lo imposible se hiciera realidad.
Yo que vosotros, iría mañana mismo a mi sucursal, cogería al director del banco por el cuello, y le recordaría que en cualquier otro banco se cagan por regalarme una TV de 42'', sólo por meter mi nómina. Es el momento de hacer leña del arbol caído y recordarle a esos hijos de puta de quién es el dinero con el que hacen sus jodidas especulaciones.
domingo, 6 de junio de 2010
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