viernes, 22 de octubre de 2010

El color más sutil

Queridos usuarios, dicen que sólo cuando se está en la más absoluta oscuridad, es cuando puede regresar otra vez la luz. Todos vosotros y vosotras, que como yo, en cierto modo, habéis atravesado alguna vez un pantano cubierto de lodo, ramales y espinas, y que habéis salido de él lleno de arañazos, empapados y sucios, pero felices finalmente de haber llegado, dispuestos a averiguar y aceptar qué hay tras ese viaje, no necesitaréis seguramente leer este post.

Sin embargo, en esta vida que viaja a la velocidad del rayo, y que nos invita constántemente a escoger el camino fácil de no ser quien se es realmente, es fácil a veces olvidar de dónde venimos, hasta donde hemos llegado y, lo más importante, hacia donde vamos. Y yo os invito también a recordarlo para no olvidar.

He de deciros que en este momento, estoy disfrutando de un momento inigualable, sublime; es el mejor regalo que podría haberme hecho a mí mismo. No es una cuestión de ego, hedonismo o narcisismo. Es una cuestión de comprensión, de alimento del alma, un alma que se siente ahora iluminada por los primeros resultados de una búsqueda personal de años. Llegarán más resultados, nunca dejan de llegar cuando no se deja de buscar. ¿Quién deja de hacerlo?.... espero que no vosotros.

Que el mundo y sus valores decadentes están hechos una mierda es algo que a nadie le sorprende leer ya. Eso es lo malo, que lo vemos como tal, y lo aceptamos, creyendo que la madurez consiste en en eso mismo, toda vez que hemos abandonado nuestros sueños, y estamos dispuestos a ser aceptados por una sociedad que nos acoge, pero con sus condiciones.

Nuestros sueños... pensad en los sueños de verdad, los que tenéis por las noches mientras dormís. Son sueños extraños, camináis, corréis, voláis, estais o no estais, quien creéis conocer tiene otra cara, soñais con la muerte y con la vida, con el miedo y la felicidad. Quién no ha querido alguna vez volver a aferrarse a un sueño recién despertado, maravilloso, feliz, y nos ha hecho desear volver a sumergirse en él, recuperarlo, continuarlo.

En nuestros sueños oníricos, cabe cualquier posibilidad por extraña que parezca, basta sólo imaginarla o pasar por la cabeza para que inmediatamente se manifieste en el sueño. A veces soñar nos asusta, pues a sabiendas de lo anterior, tenemos miedo a soñar con lo que tememos. Todo eso está ahí, todo lo que somos se manifiesta en nuestros sueños, y no, no estoy haciendo una divulgación de Freud y su psicoanálisis. Más que interpretar el significado de los sueños, os invito a preguntaros, simplemente, qué podemos conocer de nosotros mismos a través de ellos, y especialmente sin necesitar a nadie más para averiguarlo. Nadie escarmienta en cabeza ajena, dicen, y Siddartha Gautama recomendaba el camino de la experiencia personal.

Muchas veces, encontramos señales en nuestros sueños que tomamos como premonitorias, como lamentos, o como confirmación de un temor. Sí, compruébalo, pretende olvidar a un gran amor, y soñarás con esa persona, lo harás de modo tal, que llorarás por despertar y volver a tenerla que olvidar. ¿Pero qué podemos sacar de una experiencia así, además del dolor?. Un sueño tiene el potencial de ponerte por delante cualquier cosa, posible o imposible, y el hecho de que en nuestro inconsciente estemos buceando por un mar de posibilidades dice mucho del significado real del universo y de nosotros, y de nuestro lugar en él.

Cuanto más investigamos y aprendemos del universo, más hemos tomado conciencia de su tremenda complejidad y sencillez simultánea. El universo es también un mar de posibilidades; según nos adentramos o alejamos de él, encontramos capas intercaladas de complejidad y simplicidad. Cuando hemos profundizado en la materia de la que se compone el universo, hemos encontrado que la mecánica cuántica rompía las leyes de la física convencional, de lo lógico y aparentemente real.

En mecánica cuántica, cuando una partícula puede tomar dos caminos distintos, toma los dos a la vez, algo que dicho así de pronto nos puede llegar a desconcertar bastante, pero es así; cuando esto ocurre, no se trata de dos partículas, es la misma, sólo que allá donde exista la posibilidad de que pueda estar, allí también estará, pues en mecánica cuántica lo posible no es algo que pueda ocurrir, sino que está ocurriendo.

Abandonando la lupa y pasando al telescopio, la astronomía antigua de los planetas cercanos se ha visto abrumada por los grandes y recientes descubrimientos del universo. Ya no nos llama tanto la atención observar la Luna (aunque su observación, ciertamente, sigue siendo un placer en el momento adecuado); ahora nuestras mentes intentan imaginar la grandeza de una galaxia comparada con nuestra tremenda pequeñez, la grandeza de un universo plagado de ellas. La entropía como ley natural, la extrañeza matemática de un agujero de gusano. Más aún, hemos postulado la existencia de múltiples universos, universos en los que, cada vez que se produce un hecho que puede bifurcarse en varias posibilidades, se crean universos paralelos que siguen las distintas ramificaciones temporales. ¿No nos recuerda esto a una partícula cuántica elemental?.

Es como si, en nuestra observación hacia dentro y hacia fuera del universo, encontráramos patrones que nos dicen algo, pero no terminamos de descifrar. Patrones que se ajustan a antiguas señales y símbolos de otras eras, como una sencilla serpiente que se muerde la cola. A veces llegamos a comprender que nuestros antecesores más distantes, aquellos que formulaban sus teorías del mundo con cuentos, leyendas o religiones ancestrales basadas el hombre y la naturaleza, tenían una idea más simple y clara del universo. Simple ergo cercana.

La vida, tal y como la conocemos y deseamos comprenderla, se manifiesta en forma similar a un fractal donde, nos alejemos o nos acerquemos hasta el infinito, surgen nuevas figuras a partir de las mismas figuras; patrones dentro de patrones que no son sino los mismos patrones hechos de sí mismos, repitiéndose hacia dentro o hacia fuera de forma interminable; creería que es inalcanzable en su fin, pues nunca lo tendría.

Si aceptamos este hecho como una forma distinta y general de ver el mundo, entendiendo por tal tanto lo que nos rodea y contiene como lo que contenemos en nuestro interior; si podemos creer que la naturaleza repite sus patrones en la órbita de una luna, o en el camino de un electrón acompañando a un núcleo; si creemos que, ciertamente, las leyes de la naturaleza se ridiculizan cuando hablamos del comportamiento natural de un quark, o de universos que crecen como burbujas en la superficie de los límites de otro universo, que podría ser el mismo; si comprobásemos que, dentro de la partícula cuántica más elemental, se encuentra este mismo universo; si antes de continuar descubriendo, somos valientes, ¡audaces!, y ya nos anticipamos a la respuesta, y aceptamos que tanto en un sentido u en otro, nuestra experiencia nos invita a predecir lo que encontraremos, entonces, estaremos en la capacidad de plantear las verdaderas preguntas, aquellas en las que residen nuestras inquietudes más personales y que, aunque la sociedad de hoy nos invita a olvidar, recordamos siempre en nuestro interior como una pregunta que no sabemos formular.

El estudio de nuestro cosmos nos lleva a pensar que todo lo que existe, es uno en realidad; y ese uno, es a su vez todo; todo lo que conocemos del universo, de sus límites y posibilidades, de los quarks y sus capacidades, de nosotros mismos. No dejaremos de encontrar y descubrir la variedad, la complejidad infinita y eterna, hasta que comprendamos esta verdad que es la simpleza de nuestra vida en el universo. La búsqueda constante no es más que la negación de una evidencia que, a menudo, algunos intuimos en nuestro interior.

Nosotros mismos construímos el universo constantemente con nuestros pensamientos, pues si pensamos en una acción determinada, la diferencia entre que el pensamiento se haga o no acto puede residir en un universo en el que no ocurra y otro paralelo en el que sí. Esa es la elegante forma en la que el universo ideó (por llamarlo de alguna manera) la forma de construirse a sí mismo por medio de sí mismo. Otro sistema autopoyético. Y nosotros somos en cierto modo otro universo. Es así como nos relacionamos con él y como interactuamos con él. Cada vez que lo hacemos el universo nos cambia, y nosotros cambiamos el universo. Es un reflejo de sí mismo en nosotros, un ying-yang.

Inevitablemente, si llegamos a alcanzar y comprender esta abstracción de combinar en uno solo a nosotros mismos y al universo, nuestro cosmos, como un reflejo de nosotros, y nosotros de él, nos asaltarán las auténticas preguntas: ¿cuáles son las verdaderas consecuencias de todo esto en nosotros?, ¿hasta cuanto debemos de preguntarnos por nosotros solamente, y hacerlo por el propio universo, que no es más que nosotros mismos y nosotros él?, ¿qué papel tomamos ante todo esto?, y sobre todo, ¿cuál es el camino a seguir?.

La más sencilla lógica nos servirá para tratar de averiguar las respuestas que necesitamos. Todo lo que hacemos tiene un reflejo, y se nos es devuelto. Si obviamos que nuestros actos y pensamientos nos serán reflejados en algún otro momento, podremos llegar estar muy equivocados, y caer en una dinámica que no contribuye a comprender y diversificar nuestro punto de vista, y por tanto, vivir adecuadamente y en armonía. No voy a plantear aquí un modelo de vida perfecta, ni lo pretendo. Yo mismo soy tan imperfecto, que sería un atentado contra la razón pretenderlo. Mi razón de decir así es que, en el acto mismo de aceptarme con mis virtudes y defectos, he comprendido lo que aquí os cuento. Porque la aceptación de lo que tanto nos gusta como de lo que no nos gusta, se encuentra el camino hacia una armonia personal, una conexión segura y sólida con nuestro cosmos.

Y no hablo de una aceptación conformista de la vida. Podemos ser capaces de no serlo, no tiene nada que ver. La vida está llena de retos, y cuando superamos uno, nos hacemos y hacemos de ese universo algo cambiante; nuestro "uno" evoluciona y eso mismo es seguir la ley de la vida. Cuando hablo de aceptar, hablo ante todo de comprender, de intentar averiguar la causa, identificar y entender el efecto. Podemos estar incómodos con una situación, pero una visión global de la escena puede hacernos comprender, de tal forma, que no necesitaremos dudar sobre cómo atuar; actuaremos sin más de la forma adecuada, saldrá de nosotros del mismo modo que no necesitamos pensar cómo caminar. Y no lamentaremos haberlo vivido, porque de toda experiencia se puede, se debe siempre intentar obtener una enseñanza.

Pensad en cada cosa que podáis experimentar, ver, oir, oler, degustar, tocar, sentir. Pensad por ejemplo en la música y en cómo os puede llgar a inspirar un sentimiento, un color de la vida. Cada color de la vida tiene un matiz distinto, pero en la cata final de lo auténtico podréis descubrir que además hay otro color, el color más sutil. La esencia misma que subyace sobre todos y cada uno de los pequeños detalles que seamos tan valientes de observar. No tegáis miedo a descubrir, pero no os detengáis sólo en lo que está fuera de vosotros, en lo que os rodea. Pensad también en descubrir lo que hay dentro vuestra, en lo que con vosotros mismos rodeáis. Conócete a ti mismo, decía Sócrates. Quizás él también descubrió que dentro había encontrado lo mismo que podría haber encontrado fuera.

La vida está cargada de oportunidades de descubrir una enseñanza. Algo que nos puede resultar terrible, puede ser hermoso cuando se conoce el otro punto de vista. Ya no hermoso, la belleza está en el descubrimiento y la nueva comprensión asimilada. Descubrid que en el acto de aprender y comprender nuevas cosas, se vive el significado de la propia vida; la superación de uno mismo, la amplitud de miras y puntos de vista, la actuación de una forma que está más allá del concepto del bien y del mal. Porque nadie es malo en realidad, sino que está equivocado. Y puede hacernos daño, seguramente; como decía de nuevo Siddharta, el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. La compresión del dolor y su causa, ayuda a evitar caer en el sufrimiento, que no es más que una autodestrucción paulatina de nuestro universo. No os destruyáis a vosotros mismos por medio del sufrimiento.

Mejor que sufrir en la vida, vivir disgustado con tu mundo, esperar lo peor, está la aceptación del dolor del mismo modo que aceptamos el placer, pues ambas no son sino formas distintas de sentir la misma cosa, y por algo es que el amor, algo tan bello y placentero, nos duela tanto, tanto en el desamor como en la inconmensurable correspondencia del otro ser.

Esta es mi muestra de mí mismo para vosotros. Mi mensaje de esperanza y por qué no, de amor. Ya os expliqué hace poco que el amor es lo que quizás una todas las cosas, y quizás sea ese el color sutil del que os hablo. También hace tiempo evocaba la idea de saltar de esfera en esfera, y de alguna manera estaba intuyendo ese color de la sutileza vital. Todas las cosas están llenas de amor, de universos por descubrir, de conexiones. No os creáis derrumbados por una vida triste, no tiréis la toalla jamás por difícil que veáis la vida. No perdáis la ilusión de lo que significa, ya no el día a día, sino descubrir el significado y sentido de lo que hay detrás de ese día a día. No os preguntéis constantemente por el sentido de la vida, descubrid ese sentido en la superación, la experiencia personal y la aceptación. Cuando aceptamos el universo tal cual es, el universo nos acepta a nosotros. Sed verdaderamente exigentes con vosotros y vuestro universo en lo importante; sabréis que es lo importante no cuando observéis fuera sino dentro. Cuando miramos en nuestro interior, los secretos de las afueras se desvelan por sí solos.

Os animo a todos a descubrir vuestro propio universo.... mientras yo sigo navegando por el mío. ¿Y si fueran todos el mismo?. No me extrañaría.

viernes, 15 de octubre de 2010

Un breve ensayo del amor (II, epílogo)

"Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta llegar a tu compañía."

Pablo Neruda.




Amor, cuán lejos estás, y qué cerca te siento. Vuelves a estar en mi mano, etéreo, sublime, tejiendo hilos desde mis dedos hacia el marfil blanco, negro, blanco, blanco, negro... Fluyes por ellos como un grito anhelado y callado, un sforzando de angustia, un crescendo estremecido. Sube, se alza, siento la fuerza en mis brazos, te rodean a golpe de nota, te abrazan, me hundo en ti... me elevo contigo a lo más alto, contigo, sin ti, con tu ausencia, con la plenitud que me dejaste y que me llena.

En... todo mi pecho ...amor... para ti; enamorado... en amor, rindo mi abrazo, mi ternura, el himno más cálido salido de la profundidad de mis tierras sin sol. Mi jardín más íntimo y privado. Siento la necesidad de abrazarte y no estás. Siento el arrebato de atraversarte sin cuerpo, y no estás, pero tu imagen permanece, estás ahí en mis notas. Abrazo el vacío en tu honor. Construyo tu figura entre silencios y sonidos, tus ojos en los agudos, tu cuerpo en los medios, el dolor en los graves, la incertidumbre y la desesperación en cada forte.

Me despego de la silla, salto, me elevo, vuelo. Mi espalda se estira, el espasmo del sobrecogimiento tras la disonancia me lleva, me acerca... desaparece, vuela sin mí, se aleja otra vez. Escapa. Me altera en sostenido y relativo, quinta dominante de mi deseo, sexta vez que te miro; resuelve la cadencia de tus ojos cuando detienen mi tiempo... vuelves. Regresas como en forma de una idea. Y te desarrollo.

Palpo la curva de tu cintura entre los escalones hundidos de cada tecla, el rincón más recóndito de tu cuello... me inclino y mi alma se postra aún más; casi lo beso, escondido. Arañas de cinco patas recoriendo esa ruta imaginaria, ese tacto casi de no tacto, a un milímetro rozando los cabellos más minúsculos de la sensibilidad, de la caricia sobre tu piel imaginaria, como rozar la hierba sin tocar el suelo. Ya estoy en mi jardín.

Todo deja de ser notas, melodía, armonía. Te veo, giro mi cabeza y no estás, pero te miro. Es la verdadera flecha hecha disparo, sin punta ni sierra; se cae a tus pies, porque no estás. La recojo. Silencio. Respiro, suspiro. La vida se escapa por mi boca con el aire y se diluye como la tinta en el agua. Se arremolina a mi alrededor, mi nube, mi atmósfera; vuelvo a respirarla. La respiro como quien golpea un timbal, a golpe de latido, se interrumpe y continua. Me olvido de ello, me atrapa un recuerdo patricio que, como si fuera vivido, nunca existió pero yo lo creo por ti.

Te construí a mi lado cada noche con una sonrisa antes de dormir, y no fue más, no necesité más que eso. Esa fue mi apuesta eterna. Podrás tener la forma que quieras, la boca que quieras, los ojos que quieras, tu tacto podrá ser cualquiera; hazlo real y tu corazón habría estado conmigo desde siempre. Te conozco, ya te conocí antes de nacer, ya supe quién eras antes siquiera de haberte conocido. Soñé contigo tantas veces despierto. Viví tantos sueños contigo mientras dormía. Sonreí tanto mientras te sufría. Te derramé tantos y tantos sueños, y cuanto más volqué de mí en ti, más quedaba en mí por entregarte.

Amor.... vives en mí y te guardo. Amor, vivo en ti y te aguardo. Cuántos caminos recorrerán mis dedos hasta llegar a tu único beso.

sábado, 9 de octubre de 2010

Un breve ensayo del amor

Siéntelo, escucha, es la tormenta que viene después de la paz, el palpitar seguro e inexorable de la vida, el paso del tiempo, el inicio de ti para llegar a tu final, el robo, la tormenta.... Allí el tiempo se mueve, y cada segundo puede ser como morir, duele hasta morir, no es como aquí. ¿Lo oyes?, se escucha venir. Va en crescendo, se acerca. No tengas miedo. Es tu momento, tu hora, saldrás de aquí. Ya viene, se acerca, no busca a otro sino a ti. ¿No lo ves?, es la vida la que viene a buscarte. No tengas miedo, porque para reencontrar la paz, primero has de perderla; sólo así entenderás porqué la necesitas.

Cuando nacemos, la sentencia de una tijera estéril recorta nuestro destino. Desde el momento en que nuestra matrona corta el cordón umbilical, aunque no nos desangremos vivos, es como si así lo fuera, y la cicatriz que queda ahí en nuestro vientre perdurará para siempre; nos pasaremos la vida entera intentando recuperar ese nexo arrebatado a traición. Nacemos después de una pequeña eternidad unidos a alguien, y es lo estéril personificado quien nos da la primera puñalada separándonos de ello. Qué paradoja, la esterilidad, el frio, unos guantes de plástico, son quienes reciben al producto del amor.

Hoy no estoy para mucho sarcasmo. Quiero contaros sobre cosas muy serias, tanto, que nos va la vida entera en ello; nos arroja al vacío, nos pierde, nos hace hacer y ver cosas que nunca haríamos ni veríamos. Nos vuelve débiles y fuertes a la vez. Nos mueve a nosotros, y mueve el mundo que nos rodea. Nos quita el sueño, nos obliga a escribir y leer, nos lleva a mil kilómetros, nos hace sentir a mil kilómetros, se puede sentir a mil kilómetros.... Se obstina por estar ahí, cada día, cada hora y minuto o segundo, brillando por su presencia o ausencia, dejando su huella desde el dolor a la alegría.

Y la paleta de tonos es extensa. Te puede venir de frente o de espalda. Puede ser tan sincero como un sí o un no, o como los dos a la vez, y seguir siendo honesto. Puede ser tan mentiroso como quien no quiere dañarte, o como el mejor de tus sueños delante, peor aún, como volver a repetirlo y despertar. Puede quedarse, irse, volver, dudar y hacerte dudar, y volver a irse y dejarte ahí con la mejor de sus sonrisas, con la mejor caricia.

No importa lo difícil o fácil que haya sido nuestra vida. El amor es la tijera con la que se recorta nuestra existencia a partir un folio en blanco. Si la vida fue un infierno, no importa, el amor te hará quererlo. Si la vida fue feliz, no importa, el amor te hará descubrir que nunca lo fuiste. Es un pleno al quince y una insatisfacción permanente, una feliz insatisfacción, pues hay quien disfruta con ella incluso constándole el riesgo de ejecutar una hipoteca sobre una parcela de su corazón, con el tipo de interés más alto y variable de su vida. El amor extiende sus fronteras hasta donde nunca llegó a existir. Todo amante es un soldado en guerra. Se puede querer a todo el mundo, pero amar a una sola persona.

Derramada ya toda prosa que por merecida pleitesía requiere el asunto, tengo que decir personalmente que, cuantás más oportunidades he tenido de conocerlo, cuantas más veces lo gané y lo perdí, menos capaz me sentí y siento de comprenderlo. Y el asunto tiene espinas; lo cojas por donde lo cojas, es bastante posible que sangres, aunque consigas llevártelo. Incluso aunque sólo se pretenda hablar de él, te implica, porque... ¿quién no habla del amor basándose en su propia experiencia?.

El amor es dar y recibir, dicen. Si sólo así fuera, sería tan sencillo como darlo todo y esperar a que la semilla germinase. Doy fe de que, en la mayoría de las veces, ni con eso es suficiente, pues si ello no provoca frecuentes espantadas si se hace de inmediato y sin avisar, sí le arrebata a veces la esencia misma del mundo que hay tras de uno por descubrir. Osea que basta a veces no ser capaz de amar con mesura, y todo puede desaparecer. No entiendo entonces porqué San Agustín decía que la medida del amor era amar sin medida. Y no, no creáis, amar con mesura funciona aún peor.

Un factor aparentemente fiable es la atracción, y para eso, queridos amigos, os digo que tampoco es tan sencillo; el protocolo del amor es mas atrayente cuando se hace extraño, una atracción mutua puede derrumbarse tan fácil de la noche a la mañana como un castillo de naipes. Y eso puede ocurrir tan pronto o tan tarde como quiera que pase, y tan suave o tan brusco como se quiera hacer. La atracción es engañosa, y sin ella algunos amores perduran y otros ni siquiera empiezan.

La semilla del amor es desconocida. Tanto, que los hay tan atrevidos de afirmar que, simplemente, las hembras eligen a aquellos cuyo rasgos manifiestan un sistema inmunológico fuerte en el macho. Tiene su sentido, teniendo en cuenta que somos esclavos de nuestros genes; todos moriremos, pero si somos tan afortunados de regar algún jardín, y no hay látex de por medio, nuestros genes perdurarán. Ellos ganan más si el recipiente es un Adonis, ya sea en forma de ratón o persona, en su justas y exquisitas proporciones, lo demás se lo dejan a las hormonas. Tiene sentido, pero no amigos, no os dejéis vilmente engañar por una teoría así. Si fuera cierto, y fueran tan listos los científicos para todo, a ver, ¿dónde está la ecuación del amor?. Ya podrían resolverlo para hacernos la vida más fácil a todos. No existe el test del amor.

En realidad justificarse en estas teorías es el camino fácil, pues nos da una explicación que ya nos alivia, al pensar que nos podemos ver libres de querer descubrir si hay algo más. Es lo que yo vendría a llamar nihilismo procientífico del friki; reducimos la atracción a un mero rasgo genético y así quedamos todos perdonados de nuestros pecados emocionales y de nuestros errores o deficiencias al pretender ligar. A mí, la verdad, me gusta pecar un montón y, francamente, no necesito excusas para justificar mi mala suerte. En realidad esta feroz crítica no está dirigida contra el científico, sino contra quien la argumenta para justificarse a sí mismo. Y que me perdonen los frikis, ya que cada vez me veo más como uno de ellos.

Posiblemente, el amor sea el único concepto por el que merecería la pena mantener cualquier religión en activo. Ya fuera de un plano estrictamente personal y subjetivo, nos conecta a otra persona con una fuerza inexplicable, intangible pero que se puede sentir incluso cuando no se participa de él. Hay quien sin amor no puede vivir mucho tiempo, ni encuentra otro sentido en la vida. Es el alimento del alma. En un mundo que viaja a la velocidad del rayo, mantengo mejor el vuelo si voy de tu mano, decía la canción.

El hombre y la mujer han nacido para amarse, y no existe nada más interesante que la conversación de dos amantes que permanecen callados mirándose a los ojos. A menudo los ojos del corazón se equivocan, o el cerebro no muestra la ventana adecuada al corazón. El amor no correspondido es lo más probable, y esto puede ocurrir cuando menos se imagina, basta un pequeño detalle, un gesto, una imperfección; no importa hasta cuánto de cerca hallas llegado. Sí que importa, pero no servirá, la imperfección te ha noqueado al primer round.

Es curioso que sea así, porque cuando se está enamorado de verdad, cualquiera de sus imperfecciones es indispensable para nosotros. No hay nada más hermoso que hacer un templo de una cicatriz, que adorar una barriguita cálida y blanda o encontrar historias de guerras pasadas en una arruga. Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.

Ama hasta que te duela; si te duele es buena señal, decía Teresa de Calcuta. Ciertamente es así, y no hay amor si no te duele. Esto se hace extensible cuando se trata del amor no correspondido. En este caso, el dolor es si cabe mayor. También hay corazones a los que no les importa amar no siendo correspondidos, pues encuentran en ese dolor la representación más elevada que puede tener el ser humano: la valentía de dar estando dispuesto a no recibir.

Cuando nacemos, nos separan de la paz espiritual, y la buscamos incansablemente en forma de amor. El amor es el único sentido de la vida, es lo que posiblemente quedará cuando ya no estemos aquí. Es posiblemente quien te reciba al otro lado cuando mueras. El amor te dice que volveras a encontrarte con todas esas personas con las que compartiste algo, por pequeño que fuera, allá en otra vida.

Seguramente, los filamentos de los que se compone el universo se tejen con esta esencia, los mismos filamentos que te unen a él o ella. Este es mi ensayo breve sobre el amor, y todas esas, sus tonterías.


Nota adicional: hay quien me ha dicho que estoy siendo demasiado lacónico y pesimista. Se equivocan, pero quizás la culpa es mía por no haberlo aclarado antes. El amor es lo más hermoso que pueda sentirse, nos demuestra que hay cosas que no se pueden ver ni alcanzar a comprender, pero se pueden sentir, e invitan a seguir descubriendo la vida.