viernes, 22 de octubre de 2010

El color más sutil

Queridos usuarios, dicen que sólo cuando se está en la más absoluta oscuridad, es cuando puede regresar otra vez la luz. Todos vosotros y vosotras, que como yo, en cierto modo, habéis atravesado alguna vez un pantano cubierto de lodo, ramales y espinas, y que habéis salido de él lleno de arañazos, empapados y sucios, pero felices finalmente de haber llegado, dispuestos a averiguar y aceptar qué hay tras ese viaje, no necesitaréis seguramente leer este post.

Sin embargo, en esta vida que viaja a la velocidad del rayo, y que nos invita constántemente a escoger el camino fácil de no ser quien se es realmente, es fácil a veces olvidar de dónde venimos, hasta donde hemos llegado y, lo más importante, hacia donde vamos. Y yo os invito también a recordarlo para no olvidar.

He de deciros que en este momento, estoy disfrutando de un momento inigualable, sublime; es el mejor regalo que podría haberme hecho a mí mismo. No es una cuestión de ego, hedonismo o narcisismo. Es una cuestión de comprensión, de alimento del alma, un alma que se siente ahora iluminada por los primeros resultados de una búsqueda personal de años. Llegarán más resultados, nunca dejan de llegar cuando no se deja de buscar. ¿Quién deja de hacerlo?.... espero que no vosotros.

Que el mundo y sus valores decadentes están hechos una mierda es algo que a nadie le sorprende leer ya. Eso es lo malo, que lo vemos como tal, y lo aceptamos, creyendo que la madurez consiste en en eso mismo, toda vez que hemos abandonado nuestros sueños, y estamos dispuestos a ser aceptados por una sociedad que nos acoge, pero con sus condiciones.

Nuestros sueños... pensad en los sueños de verdad, los que tenéis por las noches mientras dormís. Son sueños extraños, camináis, corréis, voláis, estais o no estais, quien creéis conocer tiene otra cara, soñais con la muerte y con la vida, con el miedo y la felicidad. Quién no ha querido alguna vez volver a aferrarse a un sueño recién despertado, maravilloso, feliz, y nos ha hecho desear volver a sumergirse en él, recuperarlo, continuarlo.

En nuestros sueños oníricos, cabe cualquier posibilidad por extraña que parezca, basta sólo imaginarla o pasar por la cabeza para que inmediatamente se manifieste en el sueño. A veces soñar nos asusta, pues a sabiendas de lo anterior, tenemos miedo a soñar con lo que tememos. Todo eso está ahí, todo lo que somos se manifiesta en nuestros sueños, y no, no estoy haciendo una divulgación de Freud y su psicoanálisis. Más que interpretar el significado de los sueños, os invito a preguntaros, simplemente, qué podemos conocer de nosotros mismos a través de ellos, y especialmente sin necesitar a nadie más para averiguarlo. Nadie escarmienta en cabeza ajena, dicen, y Siddartha Gautama recomendaba el camino de la experiencia personal.

Muchas veces, encontramos señales en nuestros sueños que tomamos como premonitorias, como lamentos, o como confirmación de un temor. Sí, compruébalo, pretende olvidar a un gran amor, y soñarás con esa persona, lo harás de modo tal, que llorarás por despertar y volver a tenerla que olvidar. ¿Pero qué podemos sacar de una experiencia así, además del dolor?. Un sueño tiene el potencial de ponerte por delante cualquier cosa, posible o imposible, y el hecho de que en nuestro inconsciente estemos buceando por un mar de posibilidades dice mucho del significado real del universo y de nosotros, y de nuestro lugar en él.

Cuanto más investigamos y aprendemos del universo, más hemos tomado conciencia de su tremenda complejidad y sencillez simultánea. El universo es también un mar de posibilidades; según nos adentramos o alejamos de él, encontramos capas intercaladas de complejidad y simplicidad. Cuando hemos profundizado en la materia de la que se compone el universo, hemos encontrado que la mecánica cuántica rompía las leyes de la física convencional, de lo lógico y aparentemente real.

En mecánica cuántica, cuando una partícula puede tomar dos caminos distintos, toma los dos a la vez, algo que dicho así de pronto nos puede llegar a desconcertar bastante, pero es así; cuando esto ocurre, no se trata de dos partículas, es la misma, sólo que allá donde exista la posibilidad de que pueda estar, allí también estará, pues en mecánica cuántica lo posible no es algo que pueda ocurrir, sino que está ocurriendo.

Abandonando la lupa y pasando al telescopio, la astronomía antigua de los planetas cercanos se ha visto abrumada por los grandes y recientes descubrimientos del universo. Ya no nos llama tanto la atención observar la Luna (aunque su observación, ciertamente, sigue siendo un placer en el momento adecuado); ahora nuestras mentes intentan imaginar la grandeza de una galaxia comparada con nuestra tremenda pequeñez, la grandeza de un universo plagado de ellas. La entropía como ley natural, la extrañeza matemática de un agujero de gusano. Más aún, hemos postulado la existencia de múltiples universos, universos en los que, cada vez que se produce un hecho que puede bifurcarse en varias posibilidades, se crean universos paralelos que siguen las distintas ramificaciones temporales. ¿No nos recuerda esto a una partícula cuántica elemental?.

Es como si, en nuestra observación hacia dentro y hacia fuera del universo, encontráramos patrones que nos dicen algo, pero no terminamos de descifrar. Patrones que se ajustan a antiguas señales y símbolos de otras eras, como una sencilla serpiente que se muerde la cola. A veces llegamos a comprender que nuestros antecesores más distantes, aquellos que formulaban sus teorías del mundo con cuentos, leyendas o religiones ancestrales basadas el hombre y la naturaleza, tenían una idea más simple y clara del universo. Simple ergo cercana.

La vida, tal y como la conocemos y deseamos comprenderla, se manifiesta en forma similar a un fractal donde, nos alejemos o nos acerquemos hasta el infinito, surgen nuevas figuras a partir de las mismas figuras; patrones dentro de patrones que no son sino los mismos patrones hechos de sí mismos, repitiéndose hacia dentro o hacia fuera de forma interminable; creería que es inalcanzable en su fin, pues nunca lo tendría.

Si aceptamos este hecho como una forma distinta y general de ver el mundo, entendiendo por tal tanto lo que nos rodea y contiene como lo que contenemos en nuestro interior; si podemos creer que la naturaleza repite sus patrones en la órbita de una luna, o en el camino de un electrón acompañando a un núcleo; si creemos que, ciertamente, las leyes de la naturaleza se ridiculizan cuando hablamos del comportamiento natural de un quark, o de universos que crecen como burbujas en la superficie de los límites de otro universo, que podría ser el mismo; si comprobásemos que, dentro de la partícula cuántica más elemental, se encuentra este mismo universo; si antes de continuar descubriendo, somos valientes, ¡audaces!, y ya nos anticipamos a la respuesta, y aceptamos que tanto en un sentido u en otro, nuestra experiencia nos invita a predecir lo que encontraremos, entonces, estaremos en la capacidad de plantear las verdaderas preguntas, aquellas en las que residen nuestras inquietudes más personales y que, aunque la sociedad de hoy nos invita a olvidar, recordamos siempre en nuestro interior como una pregunta que no sabemos formular.

El estudio de nuestro cosmos nos lleva a pensar que todo lo que existe, es uno en realidad; y ese uno, es a su vez todo; todo lo que conocemos del universo, de sus límites y posibilidades, de los quarks y sus capacidades, de nosotros mismos. No dejaremos de encontrar y descubrir la variedad, la complejidad infinita y eterna, hasta que comprendamos esta verdad que es la simpleza de nuestra vida en el universo. La búsqueda constante no es más que la negación de una evidencia que, a menudo, algunos intuimos en nuestro interior.

Nosotros mismos construímos el universo constantemente con nuestros pensamientos, pues si pensamos en una acción determinada, la diferencia entre que el pensamiento se haga o no acto puede residir en un universo en el que no ocurra y otro paralelo en el que sí. Esa es la elegante forma en la que el universo ideó (por llamarlo de alguna manera) la forma de construirse a sí mismo por medio de sí mismo. Otro sistema autopoyético. Y nosotros somos en cierto modo otro universo. Es así como nos relacionamos con él y como interactuamos con él. Cada vez que lo hacemos el universo nos cambia, y nosotros cambiamos el universo. Es un reflejo de sí mismo en nosotros, un ying-yang.

Inevitablemente, si llegamos a alcanzar y comprender esta abstracción de combinar en uno solo a nosotros mismos y al universo, nuestro cosmos, como un reflejo de nosotros, y nosotros de él, nos asaltarán las auténticas preguntas: ¿cuáles son las verdaderas consecuencias de todo esto en nosotros?, ¿hasta cuanto debemos de preguntarnos por nosotros solamente, y hacerlo por el propio universo, que no es más que nosotros mismos y nosotros él?, ¿qué papel tomamos ante todo esto?, y sobre todo, ¿cuál es el camino a seguir?.

La más sencilla lógica nos servirá para tratar de averiguar las respuestas que necesitamos. Todo lo que hacemos tiene un reflejo, y se nos es devuelto. Si obviamos que nuestros actos y pensamientos nos serán reflejados en algún otro momento, podremos llegar estar muy equivocados, y caer en una dinámica que no contribuye a comprender y diversificar nuestro punto de vista, y por tanto, vivir adecuadamente y en armonía. No voy a plantear aquí un modelo de vida perfecta, ni lo pretendo. Yo mismo soy tan imperfecto, que sería un atentado contra la razón pretenderlo. Mi razón de decir así es que, en el acto mismo de aceptarme con mis virtudes y defectos, he comprendido lo que aquí os cuento. Porque la aceptación de lo que tanto nos gusta como de lo que no nos gusta, se encuentra el camino hacia una armonia personal, una conexión segura y sólida con nuestro cosmos.

Y no hablo de una aceptación conformista de la vida. Podemos ser capaces de no serlo, no tiene nada que ver. La vida está llena de retos, y cuando superamos uno, nos hacemos y hacemos de ese universo algo cambiante; nuestro "uno" evoluciona y eso mismo es seguir la ley de la vida. Cuando hablo de aceptar, hablo ante todo de comprender, de intentar averiguar la causa, identificar y entender el efecto. Podemos estar incómodos con una situación, pero una visión global de la escena puede hacernos comprender, de tal forma, que no necesitaremos dudar sobre cómo atuar; actuaremos sin más de la forma adecuada, saldrá de nosotros del mismo modo que no necesitamos pensar cómo caminar. Y no lamentaremos haberlo vivido, porque de toda experiencia se puede, se debe siempre intentar obtener una enseñanza.

Pensad en cada cosa que podáis experimentar, ver, oir, oler, degustar, tocar, sentir. Pensad por ejemplo en la música y en cómo os puede llgar a inspirar un sentimiento, un color de la vida. Cada color de la vida tiene un matiz distinto, pero en la cata final de lo auténtico podréis descubrir que además hay otro color, el color más sutil. La esencia misma que subyace sobre todos y cada uno de los pequeños detalles que seamos tan valientes de observar. No tegáis miedo a descubrir, pero no os detengáis sólo en lo que está fuera de vosotros, en lo que os rodea. Pensad también en descubrir lo que hay dentro vuestra, en lo que con vosotros mismos rodeáis. Conócete a ti mismo, decía Sócrates. Quizás él también descubrió que dentro había encontrado lo mismo que podría haber encontrado fuera.

La vida está cargada de oportunidades de descubrir una enseñanza. Algo que nos puede resultar terrible, puede ser hermoso cuando se conoce el otro punto de vista. Ya no hermoso, la belleza está en el descubrimiento y la nueva comprensión asimilada. Descubrid que en el acto de aprender y comprender nuevas cosas, se vive el significado de la propia vida; la superación de uno mismo, la amplitud de miras y puntos de vista, la actuación de una forma que está más allá del concepto del bien y del mal. Porque nadie es malo en realidad, sino que está equivocado. Y puede hacernos daño, seguramente; como decía de nuevo Siddharta, el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional. La compresión del dolor y su causa, ayuda a evitar caer en el sufrimiento, que no es más que una autodestrucción paulatina de nuestro universo. No os destruyáis a vosotros mismos por medio del sufrimiento.

Mejor que sufrir en la vida, vivir disgustado con tu mundo, esperar lo peor, está la aceptación del dolor del mismo modo que aceptamos el placer, pues ambas no son sino formas distintas de sentir la misma cosa, y por algo es que el amor, algo tan bello y placentero, nos duela tanto, tanto en el desamor como en la inconmensurable correspondencia del otro ser.

Esta es mi muestra de mí mismo para vosotros. Mi mensaje de esperanza y por qué no, de amor. Ya os expliqué hace poco que el amor es lo que quizás una todas las cosas, y quizás sea ese el color sutil del que os hablo. También hace tiempo evocaba la idea de saltar de esfera en esfera, y de alguna manera estaba intuyendo ese color de la sutileza vital. Todas las cosas están llenas de amor, de universos por descubrir, de conexiones. No os creáis derrumbados por una vida triste, no tiréis la toalla jamás por difícil que veáis la vida. No perdáis la ilusión de lo que significa, ya no el día a día, sino descubrir el significado y sentido de lo que hay detrás de ese día a día. No os preguntéis constantemente por el sentido de la vida, descubrid ese sentido en la superación, la experiencia personal y la aceptación. Cuando aceptamos el universo tal cual es, el universo nos acepta a nosotros. Sed verdaderamente exigentes con vosotros y vuestro universo en lo importante; sabréis que es lo importante no cuando observéis fuera sino dentro. Cuando miramos en nuestro interior, los secretos de las afueras se desvelan por sí solos.

Os animo a todos a descubrir vuestro propio universo.... mientras yo sigo navegando por el mío. ¿Y si fueran todos el mismo?. No me extrañaría.

5 comentarios:

  1. Maravilloso. Has verbalizado lo q muchas veces intento explicar.

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  2. me ha encantado Fermin!
    mucha suerte en tus descubrimientos :)
    un besazo

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  3. acabo de leerlo y me ha encantao fermin, dice cosas muy ciertas y me alegro q estes en ese momento de tu vida.

    Ojalá todo el mundo tuviera una vision tan clara de lo q es su "universo" y no se dejara llevar por aquellas cosas que duelen pero q son necesarias para seguir el camino de cada uno

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  4. A mí tmb me ha encantado, releyéndolo ahora en el silencio de una noche de verano.. Ojalá no cambies nunca, ni dejes de tocar... ;)

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