"Amor, cuántos caminos hasta llegar a un beso,
qué soledad errante hasta llegar a tu compañía."
Pablo Neruda.
Amor, cuán lejos estás, y qué cerca te siento. Vuelves a estar en mi mano, etéreo, sublime, tejiendo hilos desde mis dedos hacia el marfil blanco, negro, blanco, blanco, negro... Fluyes por ellos como un grito anhelado y callado, un sforzando de angustia, un crescendo estremecido. Sube, se alza, siento la fuerza en mis brazos, te rodean a golpe de nota, te abrazan, me hundo en ti... me elevo contigo a lo más alto, contigo, sin ti, con tu ausencia, con la plenitud que me dejaste y que me llena.
En... todo mi pecho ...amor... para ti; enamorado... en amor, rindo mi abrazo, mi ternura, el himno más cálido salido de la profundidad de mis tierras sin sol. Mi jardín más íntimo y privado. Siento la necesidad de abrazarte y no estás. Siento el arrebato de atraversarte sin cuerpo, y no estás, pero tu imagen permanece, estás ahí en mis notas. Abrazo el vacío en tu honor. Construyo tu figura entre silencios y sonidos, tus ojos en los agudos, tu cuerpo en los medios, el dolor en los graves, la incertidumbre y la desesperación en cada forte.
Me despego de la silla, salto, me elevo, vuelo. Mi espalda se estira, el espasmo del sobrecogimiento tras la disonancia me lleva, me acerca... desaparece, vuela sin mí, se aleja otra vez. Escapa. Me altera en sostenido y relativo, quinta dominante de mi deseo, sexta vez que te miro; resuelve la cadencia de tus ojos cuando detienen mi tiempo... vuelves. Regresas como en forma de una idea. Y te desarrollo.
Palpo la curva de tu cintura entre los escalones hundidos de cada tecla, el rincón más recóndito de tu cuello... me inclino y mi alma se postra aún más; casi lo beso, escondido. Arañas de cinco patas recoriendo esa ruta imaginaria, ese tacto casi de no tacto, a un milímetro rozando los cabellos más minúsculos de la sensibilidad, de la caricia sobre tu piel imaginaria, como rozar la hierba sin tocar el suelo. Ya estoy en mi jardín.
Todo deja de ser notas, melodía, armonía. Te veo, giro mi cabeza y no estás, pero te miro. Es la verdadera flecha hecha disparo, sin punta ni sierra; se cae a tus pies, porque no estás. La recojo. Silencio. Respiro, suspiro. La vida se escapa por mi boca con el aire y se diluye como la tinta en el agua. Se arremolina a mi alrededor, mi nube, mi atmósfera; vuelvo a respirarla. La respiro como quien golpea un timbal, a golpe de latido, se interrumpe y continua. Me olvido de ello, me atrapa un recuerdo patricio que, como si fuera vivido, nunca existió pero yo lo creo por ti.
Te construí a mi lado cada noche con una sonrisa antes de dormir, y no fue más, no necesité más que eso. Esa fue mi apuesta eterna. Podrás tener la forma que quieras, la boca que quieras, los ojos que quieras, tu tacto podrá ser cualquiera; hazlo real y tu corazón habría estado conmigo desde siempre. Te conozco, ya te conocí antes de nacer, ya supe quién eras antes siquiera de haberte conocido. Soñé contigo tantas veces despierto. Viví tantos sueños contigo mientras dormía. Sonreí tanto mientras te sufría. Te derramé tantos y tantos sueños, y cuanto más volqué de mí en ti, más quedaba en mí por entregarte.
Amor.... vives en mí y te guardo. Amor, vivo en ti y te aguardo. Cuántos caminos recorrerán mis dedos hasta llegar a tu único beso.
viernes, 15 de octubre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Qué bonito......... :)
ResponderEliminar