sábado, 9 de octubre de 2010

Un breve ensayo del amor

Siéntelo, escucha, es la tormenta que viene después de la paz, el palpitar seguro e inexorable de la vida, el paso del tiempo, el inicio de ti para llegar a tu final, el robo, la tormenta.... Allí el tiempo se mueve, y cada segundo puede ser como morir, duele hasta morir, no es como aquí. ¿Lo oyes?, se escucha venir. Va en crescendo, se acerca. No tengas miedo. Es tu momento, tu hora, saldrás de aquí. Ya viene, se acerca, no busca a otro sino a ti. ¿No lo ves?, es la vida la que viene a buscarte. No tengas miedo, porque para reencontrar la paz, primero has de perderla; sólo así entenderás porqué la necesitas.

Cuando nacemos, la sentencia de una tijera estéril recorta nuestro destino. Desde el momento en que nuestra matrona corta el cordón umbilical, aunque no nos desangremos vivos, es como si así lo fuera, y la cicatriz que queda ahí en nuestro vientre perdurará para siempre; nos pasaremos la vida entera intentando recuperar ese nexo arrebatado a traición. Nacemos después de una pequeña eternidad unidos a alguien, y es lo estéril personificado quien nos da la primera puñalada separándonos de ello. Qué paradoja, la esterilidad, el frio, unos guantes de plástico, son quienes reciben al producto del amor.

Hoy no estoy para mucho sarcasmo. Quiero contaros sobre cosas muy serias, tanto, que nos va la vida entera en ello; nos arroja al vacío, nos pierde, nos hace hacer y ver cosas que nunca haríamos ni veríamos. Nos vuelve débiles y fuertes a la vez. Nos mueve a nosotros, y mueve el mundo que nos rodea. Nos quita el sueño, nos obliga a escribir y leer, nos lleva a mil kilómetros, nos hace sentir a mil kilómetros, se puede sentir a mil kilómetros.... Se obstina por estar ahí, cada día, cada hora y minuto o segundo, brillando por su presencia o ausencia, dejando su huella desde el dolor a la alegría.

Y la paleta de tonos es extensa. Te puede venir de frente o de espalda. Puede ser tan sincero como un sí o un no, o como los dos a la vez, y seguir siendo honesto. Puede ser tan mentiroso como quien no quiere dañarte, o como el mejor de tus sueños delante, peor aún, como volver a repetirlo y despertar. Puede quedarse, irse, volver, dudar y hacerte dudar, y volver a irse y dejarte ahí con la mejor de sus sonrisas, con la mejor caricia.

No importa lo difícil o fácil que haya sido nuestra vida. El amor es la tijera con la que se recorta nuestra existencia a partir un folio en blanco. Si la vida fue un infierno, no importa, el amor te hará quererlo. Si la vida fue feliz, no importa, el amor te hará descubrir que nunca lo fuiste. Es un pleno al quince y una insatisfacción permanente, una feliz insatisfacción, pues hay quien disfruta con ella incluso constándole el riesgo de ejecutar una hipoteca sobre una parcela de su corazón, con el tipo de interés más alto y variable de su vida. El amor extiende sus fronteras hasta donde nunca llegó a existir. Todo amante es un soldado en guerra. Se puede querer a todo el mundo, pero amar a una sola persona.

Derramada ya toda prosa que por merecida pleitesía requiere el asunto, tengo que decir personalmente que, cuantás más oportunidades he tenido de conocerlo, cuantas más veces lo gané y lo perdí, menos capaz me sentí y siento de comprenderlo. Y el asunto tiene espinas; lo cojas por donde lo cojas, es bastante posible que sangres, aunque consigas llevártelo. Incluso aunque sólo se pretenda hablar de él, te implica, porque... ¿quién no habla del amor basándose en su propia experiencia?.

El amor es dar y recibir, dicen. Si sólo así fuera, sería tan sencillo como darlo todo y esperar a que la semilla germinase. Doy fe de que, en la mayoría de las veces, ni con eso es suficiente, pues si ello no provoca frecuentes espantadas si se hace de inmediato y sin avisar, sí le arrebata a veces la esencia misma del mundo que hay tras de uno por descubrir. Osea que basta a veces no ser capaz de amar con mesura, y todo puede desaparecer. No entiendo entonces porqué San Agustín decía que la medida del amor era amar sin medida. Y no, no creáis, amar con mesura funciona aún peor.

Un factor aparentemente fiable es la atracción, y para eso, queridos amigos, os digo que tampoco es tan sencillo; el protocolo del amor es mas atrayente cuando se hace extraño, una atracción mutua puede derrumbarse tan fácil de la noche a la mañana como un castillo de naipes. Y eso puede ocurrir tan pronto o tan tarde como quiera que pase, y tan suave o tan brusco como se quiera hacer. La atracción es engañosa, y sin ella algunos amores perduran y otros ni siquiera empiezan.

La semilla del amor es desconocida. Tanto, que los hay tan atrevidos de afirmar que, simplemente, las hembras eligen a aquellos cuyo rasgos manifiestan un sistema inmunológico fuerte en el macho. Tiene su sentido, teniendo en cuenta que somos esclavos de nuestros genes; todos moriremos, pero si somos tan afortunados de regar algún jardín, y no hay látex de por medio, nuestros genes perdurarán. Ellos ganan más si el recipiente es un Adonis, ya sea en forma de ratón o persona, en su justas y exquisitas proporciones, lo demás se lo dejan a las hormonas. Tiene sentido, pero no amigos, no os dejéis vilmente engañar por una teoría así. Si fuera cierto, y fueran tan listos los científicos para todo, a ver, ¿dónde está la ecuación del amor?. Ya podrían resolverlo para hacernos la vida más fácil a todos. No existe el test del amor.

En realidad justificarse en estas teorías es el camino fácil, pues nos da una explicación que ya nos alivia, al pensar que nos podemos ver libres de querer descubrir si hay algo más. Es lo que yo vendría a llamar nihilismo procientífico del friki; reducimos la atracción a un mero rasgo genético y así quedamos todos perdonados de nuestros pecados emocionales y de nuestros errores o deficiencias al pretender ligar. A mí, la verdad, me gusta pecar un montón y, francamente, no necesito excusas para justificar mi mala suerte. En realidad esta feroz crítica no está dirigida contra el científico, sino contra quien la argumenta para justificarse a sí mismo. Y que me perdonen los frikis, ya que cada vez me veo más como uno de ellos.

Posiblemente, el amor sea el único concepto por el que merecería la pena mantener cualquier religión en activo. Ya fuera de un plano estrictamente personal y subjetivo, nos conecta a otra persona con una fuerza inexplicable, intangible pero que se puede sentir incluso cuando no se participa de él. Hay quien sin amor no puede vivir mucho tiempo, ni encuentra otro sentido en la vida. Es el alimento del alma. En un mundo que viaja a la velocidad del rayo, mantengo mejor el vuelo si voy de tu mano, decía la canción.

El hombre y la mujer han nacido para amarse, y no existe nada más interesante que la conversación de dos amantes que permanecen callados mirándose a los ojos. A menudo los ojos del corazón se equivocan, o el cerebro no muestra la ventana adecuada al corazón. El amor no correspondido es lo más probable, y esto puede ocurrir cuando menos se imagina, basta un pequeño detalle, un gesto, una imperfección; no importa hasta cuánto de cerca hallas llegado. Sí que importa, pero no servirá, la imperfección te ha noqueado al primer round.

Es curioso que sea así, porque cuando se está enamorado de verdad, cualquiera de sus imperfecciones es indispensable para nosotros. No hay nada más hermoso que hacer un templo de una cicatriz, que adorar una barriguita cálida y blanda o encontrar historias de guerras pasadas en una arruga. Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta.

Ama hasta que te duela; si te duele es buena señal, decía Teresa de Calcuta. Ciertamente es así, y no hay amor si no te duele. Esto se hace extensible cuando se trata del amor no correspondido. En este caso, el dolor es si cabe mayor. También hay corazones a los que no les importa amar no siendo correspondidos, pues encuentran en ese dolor la representación más elevada que puede tener el ser humano: la valentía de dar estando dispuesto a no recibir.

Cuando nacemos, nos separan de la paz espiritual, y la buscamos incansablemente en forma de amor. El amor es el único sentido de la vida, es lo que posiblemente quedará cuando ya no estemos aquí. Es posiblemente quien te reciba al otro lado cuando mueras. El amor te dice que volveras a encontrarte con todas esas personas con las que compartiste algo, por pequeño que fuera, allá en otra vida.

Seguramente, los filamentos de los que se compone el universo se tejen con esta esencia, los mismos filamentos que te unen a él o ella. Este es mi ensayo breve sobre el amor, y todas esas, sus tonterías.


Nota adicional: hay quien me ha dicho que estoy siendo demasiado lacónico y pesimista. Se equivocan, pero quizás la culpa es mía por no haberlo aclarado antes. El amor es lo más hermoso que pueda sentirse, nos demuestra que hay cosas que no se pueden ver ni alcanzar a comprender, pero se pueden sentir, e invitan a seguir descubriendo la vida.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho, no tiene desperdicio... Me has hecho pensar en la de caras y variaciones que tiene: dolorosas, maravillosas, incomprensibles.. La vida te llama, te busca.. (eso a veces acojona)... El símbolo del cordón umbilical que nos cortan es muy gráfico... Todo lo llena, la presencia y la ausencia, muchas veces más esto último (tan corto el amor y tan largo el olvido..)... Especialmente me gusta la conversación de dos amantes que se miran en silencio, y sobre todo, hacer de una cicatriz o una arruga un templo :) Dan ganas de conocer a esa arruga perfecta, para quererla por siempre ;) Por último, yo tb creo que ante la imposibilidad de comprender la vida, este tinglao en el que estamos, el amor es lo que nos salva, lo que da sentido a todo, y por lo único que en última instancia merece la pena vivir y morir (y a veces somos tan cazurros que nos olvidamos y vivimos a medias).

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  2. Tienes razón Jose luis, en una película basada en un cómic que me encanta (V for Vendetta) se decía "remember, remember, the fifth of november....".... Nos recuerda que en un mundo totalitario, incluso perdiendo todos nuestras posesiones y derechos, nadie podrá quitarnos jamás nuestras ideas.

    En un mundo donde la guerra es el negocio del siglo, y los políticos solo sirven para apaciguar rebaños como el encantador de perros, el amor es lo único que nos salva para no dejar de ser personas.

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