sábado, 11 de febrero de 2012

...y siempre hay en ellas sitio que llenar.

Si la vida te coge del cuello y te asfixia hasta la extenuación, sujétala fuerte y arrójala al suelo, rómpela en mil pedazos si es necesario para que no vuelva a moverse de ahí, y vuelvas a sentirla como tuya. Después, recoge las gemas más brillantes y crea una vida nueva y distinta que puedas llevar a tu lado de la mano otra vez, como cuando entonces sólo eras una personita pequeña, y el mundo estaba lleno de cosas por descrubir, sin nada que temer.

La condición de la vida es que es incondicionalmente tuya, porque no existiría nunca si no fuera por ti. Mira a la vida de cara y sonríe; el camino es incierto, la soledad: una fortaleza. Avanzar desgasta tanto como una punta de flecha acabará volviéndose roma por el uso; pero sólo las puntas de flechas son las que llegan hasta el fondo del corazón.

Yo soy fuerte, y sé lo que quiero. Incluso aunque nunca lo tenga, incluso si tan sólo queda todo como está, merece la pena intentar constantemente llevar tu vida de la mano, llenar tu vida con tus propias manos. Sin sueños ajenos, sin olvidar, sin lamentar.



"Fue tu voluntad hacerme infinito. Este frágil vaso mío tú lo derramas una y otra vez, y lo vuelves a llenar con nueva vida.
Tú has llevado por valles y colinas esta flautilla de caña, y has silbado en ella melodías eternamente nuevas.
Al contacto inmortal de tus manos, mi corazoncito se dilata sin fin en la alegría, y da vida a la expresión inefable.
Tu dádiva infinita sólo puedo recogerla con estas pobres manitos mías. Y pasan los siglos, y tú sigues derramando,
y siempre hay en ellas sitio que llenar." (Rabindranath Tagore)

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